Para explicar cuál es el papel que todas estas variables tienen en
las dinámicas de la financiación del Estado de una manera formal, y sin
artificios ni trucos de magia, vamos a recurrir a unas sencillas
matemáticas que nos permitirán entender cómo se relacionan unas con
otras. Partamos de los que se denomina la ecuación prepuestaria del
sector público:
G-T+rB=dB/dt+dM/dt
Donde G es la cuantía de gasto público, T el valor de los ingresos públicos, r es el tipo de interés medio al que se remunera la deuda pública, B es la cantidad de deuda pública y M es la base monetaria.
En
esta ecuación presupuestaria, la parte izquierda ilustra en grandes
partidas el presupuesto del estado: los ingresos han de utilizarse para
cubrir los gastos corrientes del Estado (G) y la devolución de los
intereses de la deuda pública existente (rB) , mientras que la parte
derecha es lo que podríamos denominar el lado de la financiación: los
desajustes existentes entre los ingresos y los gastos públicos se pueden
financiar a través de la emisión de deuda pública en el tiempo, dB/dt, o
mediante la ampliación de la base monetaria, dM/dt (política monetaria
expansiva).
Esta ecuación puede ser transformada, a partir de operaciones matemáticas sencillas* en
b ̇=(gp-ip)+(r-g)b-m ̇
Donde b ̇es la evolución temporal del ratio de deuda sobre PIB, gp es el ratio de ingresos públicos sobre PIB, ip es el ratio de ingresos públicos sobre PIB, r es el tipo de interés nominal sobre la deuda pública, g es la tasa de crecimiento de la economía y m ̇ es la evolución de la base monetaria a lo largo del tiempo sobre el PIB.
En
palabras llanas, esta ecuación nos muestra que el la evolución que la
deuda de un país tenga depende de la diferencia entre gastos e ingresos
públicos, de la diferencia entre el tipo de interés a que se emita esa
deuda y la tasa de crecimiento de la economía, y de la evolución de la
masa monetaria en la economía. Ahora vayamos por partes al analizar
nuestra ecuación:
Recordemos que estamos hablando de la evolución
temporal del ratio de deuda sobre PIB y no de lo que representa la deuda
en un momento dado. Remarcado esto ¿Qué tiene que ver la cantidad de
dinero (masa monetaria) con la evolución de la deuda sobre el PIB?
Cuando los estados poseen la soberanía sobre su política monetaria,
estos pueden "darle a la máquina de imprimir billetes" para financiar su
gasto y no acudir a los mercados financieros a intentar colocar sus
títulos de deuda pública. Esto naturalmente tiene su reverso tenebroso
en forma de inflación (crecimiento de precios) o hiperinflaciones (caso
más extremo, donde el dinero puede incluso llegara a perder todo su
valor. Uno de los casos más radicales fue Alemania: entre enero de 1922 y
noviembre de 1923 el nivel medio de los precios se multiplicó por
20.000 millones) y rentabilidad de activos: al tipo de interés nominal
(el que nos dice el banco) hemos de restarle la tasa de inflación para
asi obtener la verdadera ganancia de poder adquisitivo real que hemos
tenido con esa inversión; en contextos de fuerte inflación esa
rentabilidad real puede llegar a ser negativa, es decir, con ese mismo
dinero ahora compraremos menos cosas que cuando lo invertimos (en lugar
de más que es lo que todo el mundo espera).
En los países de la
Zona Euro, esta posibilidad no existe ya que las cesiones de soberanía
en materia de política monetaria realizadas en el momento de la unión
monetaria impiden a cada país de forma individual realizar este tipo de
actuaciones, siendo el encargado de su control el Banco Central Europeo
(BCE). Por tanto, en los países de esta zona esa variable de nuestra
ecuación escapa a su control.
En lo que respecta a nuestro primer
paréntesis, tenemos el déficit/superavit primario del sector público, es
decir, la diferencia entre gastos e ingresos del sector público sin
contar los intereses pagados por la deuda. Siempre que gp>ip
tendremos que b ̇>0, esto es, nuestro ratio de deuda pública sobre
PIB crecerá a lo largo del tiempo; al contrario, cuando ip>gp
tendremos que b ̇<0, o lo que es lo mismo nuestra ratio disminuirá a
lo largo del tiempo. De la misma forma, nuestro segundo paréntesis nos
muestra un resultado menos esperado y, si cabe, aun más interesante: si
el tipo de interés nominal al que se remunera la deuda del estado es
mayor que la tasa de crecimiento de la economía, la ratio deuda/PIB
crecerá a lo largo del tiempo.
Más allá del resultado evidente que
podíamos obtener al enunciar el ratio de deuda sobre PIB, esto es, que
las variaciones en el denominador conllevarían variaciones en el ratio
total y, por tanto, en situaciones de crecimiento negativo este
aumentaría, podemos observar que no solo basta con crecer para lograr la
estabilización o el retroceso del ratio de deuda a lo largo del tiempo,
sino que además este debe ser al menos tan alto como el tipo de interés
nominal al que tengamos que remunerar la deuda pública. Un país que
presente elevadas tasas de crecimiento, aun contando con unas finanzas
públicas saneadas, pero que no consiga convencer a los inversores de la
sostenibilidad de su política macroeconómica, accediendo así a una
financiación más barata al tenerse una percepción menor de riesgo de
impago, no tiene porqué tener garantizado la sostenibilidad de sus
emisiones de deuda y por tanto de sus déficits públicos. Es más, una
política macroeconómica poco creíble que haga incrementar los
diferenciales de tipos de interés de emisión de deuda pública (esto es,
las desgraciadamente famosas primas de riesgo en la actualidad) por
encima de la tasa de crecimiento de la economía, llevará a incrementos
en el ratio deuda pública a lo largo del tiempo que llevarán a su vez a
una mayor percepción del riesgo de suspensiones de pagos por parte del
país, que elevarán el tipo medio de emisión, que llevarán a una mayor
necesidad de recursos para devolver los intereses, lo que afectará
negativamente al déficit implicando a su vez una mayor desconfianza en
la política llevada a cabo, creando una espiral insostenible cuya
magnitud se verá afectada por la influencia que las finanzas públicas
puedan tener sobre la tasa de crecimiento.
Al contrario, la
existencia de déficits públicos (gp>ip) no tiene porque llevar a un
incremento de deuda pública a sobre PIB siempre que estos existan en un
entorno de crecimiento por encima de los tipos medios de remuneración de
deuda (g>r) que compense esos déficits.
Esto es especialmente
importante en áreas monetarias como la nuestra, donde, como hemos dicho,
la competencia en materia de política monetaria se encuentra cedida a
una institución supranacional como el BCE. En esta situación los países
cuenta únicamente con la política fiscal como medio de absorción de
shocks económicos, y como hemos podido comprobar no solo es importante
la disciplina fiscal como nuestro gobierno trata de vendernos sino el
acceso a financiación a tipos baratos – lo que no se consigue con primas
de riesgo elevadas y calificaciones próximas a bono basura – y un
crecimiento sostenido – lo que tampoco parece que vaya a conseguirse con
la instrumentación de políticas llevadas a cabo, aunque eso será tema
de futuros posts –
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* Si expresamos las variables en términos de ratios sobre el PIB y denominando

en el caso específico de la deuda pública, tendremos:

De donde:

Sustituyendo este último resultado en nuestra ecuación presupuestaria del sector público tendremos:

Reordenando: