jueves, 29 de noviembre de 2012

La politica fiscal: expansión vs. austeridad. Parte III (y final): Crecimiento a través de austeridad II


Tal y como ha quedado recogido en el post anterior La politica fiscal: expansión vs. austeridad. Parte II: Crecimiento a través de austeridad, es vital que, para que estas medidas de recuperación de las sendas de crecimiento en la economía basadas en la consolidación fiscal funcionen, los modelos deben estar fundamentados en una visión microeconómica de agentes con expectativas racionales. De lo contrario, los cambios futuros esperados en las variables no tienen efecto en el periodo actual y las conclusiones a las que estos modelos llegaban podrían calificarse, cuanto menos, como inalcanzables.

El reverso tenebroso de este tipo de medidas que, como hemos visto se basan en la racionalidad de los agentes y la confianza en los ejecutores de la política económica es señalado por Kitromilides [1]: los objetivos de reducción del déficit a través de  recortes en el gasto público y el mantenimiento de la senda de recuperación pueden entrar en conflicto si los recortes se producen en una cuantía elevada, demasiado pronto – too much, too soon – y teniendo un efecto deflacionario sobre la economía, produciéndose, por tanto, un efecto opuesto al buscado en la confianza del sector privado que puede provocar, a su vez, un alejamiento paulatino de la senda de recuperación y una recaida en la recesión (parece que es donde estamos, con una doble recesion desde 2007).

Kitromilides [1] señala algunos argumentos más a tener en cuenta a favor de la política de la austeridad. El primero de ellos se basa en la idea de los efectos expulsión – crowding out – y en la equivalencia ricardiana. El mecanismo de transferencia funciona como sigue: en un contexto de déficits públicos financiados a través de títulos deuda, la subida de los tipos de interés expulsa a la inversión privada y el consumo se contrae por la anticipación que los agentes realizan del futuro – en el que tendrán que hacerse cargo de mayores cargas fiscales – mientras incrementan su ahorro – para hacerse cargo de esas cargas fiscales futuras –. El mecanismo como vemos abunda en la idea pre-keynesiana de neutralidad de la política fiscal para solucionar recesiones. En segundo lugar se señala la sostenibilidad de los ratios de deuda sobre PIB, (ver El crecimiento, las deudas y la austeridad ¿que papel juegan en la financiación del Estado?) y que, razonablemente, depende de las condiciones de mercado reinantes para obtener financiación y de la confianza que los inversores tengan en el país. En torno a esto último, han existido numerosos intentos de cuantificar una cifra límite basados en la evidencia empírica, sin embargo esta se encuentra fuertemente influenciada por el momento histórico elegido, por lo que no es posible fijar valores concluyentes.

En tercer lugar, se encuentra lo que podríamos denominar el sentimiento de los mercados, es decir, que opinan los mercados sobre las políticas de los países. Normalmente la pretensión de los prestamistas es clara: quieren recuperar su inversión y quieren garantizar que el prestatario está en condiciones de devolver el principal y los intereses. Esto normalmente es sinónimo de que el país se tome sus problemas en serio. Sin embargo esto mucha veces puede ser bastante ambiguo y, como podemos ver actualmente, si las políticas de austeridad adoptadas no resultan creíbles esto provoca que sean el origen de nuevas turbulencias que afecten negativamente a la capacidad de la economía para retomar o mantener sendas de crecimiento.




[1] KITROMILIDES, Y., 2011. Deficit reduction, the age of austerity, and the paradox of insolvency. Journal of post Keynesian economics, 33(3), pp. 517-535.



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