Más allá del debate académico, en el año 2009 el G20 anunciaba una
serie de medidas destinadas a paliar los efectos de la crisis y retomar
las sendas de crecimiento de los años precedentes a través de una
expansión fiscal coordinada entre otras medidas, sin embargo, solo un
año más tarde, en la cumbre de Toronto, tras declarar que las acciones
coordinadas promovidas en las cumbres de Washington, Londres y
Pittsburgh – si bien es cierto que ya en esta última se abogaba por
implementar una política fiscal responsable que, aunque mantuviese la
flexibilidad a corto plazo, tuviese en cuenta las restricciones de
sostenibilidad a largo plazo – habían sido todo un éxito [1], pero
reconociendo que aun existían numerosos riesgos para la economía y para
ciertos países miembros del G20 que mostraban elevadas tasas de paro, el
G20 cambia la orientación de su política y se decanta por los ajustes
fiscales, instando a sus Estados miembros a que para hacer creíbles
dichos planes de ajuste fiscal a medio plazo estos debían realizarse
cuanto antes. Las cumbres siguientes – Seul en 2010, Cannes en 2011 y
los Cabos en 2012 – han ratificado esta idea de lograr el crecimiento a
través de la consolidación fiscal, aunque, eso sí, haciendo explicito el
objetivo de que los Estados miembros deben llevar a cabo una política
encaminada a recuperar la confianza.
¿Porqué este cambio en la orientación de la política económica mundial si aun existían – todavía hoy están presentes – problemas sin solucionar en la gran mayoría de los países miembros de G20? ¿Cuáles son las justificaciones teóricas que pueden encontrarse a las acciones del G20?
¿Porqué este cambio en la orientación de la política económica mundial si aun existían – todavía hoy están presentes – problemas sin solucionar en la gran mayoría de los países miembros de G20? ¿Cuáles son las justificaciones teóricas que pueden encontrarse a las acciones del G20?
Los modelos
económicos basados en lo que se denominó Síntesis Neoclásica y presentes
en cualquier manual de economía intermedia oscilan entre dos posiciones
para mostrarnos cuales pueden ser los efectos de una política fiscal
expansiva en las principales variables macroeconómicas. Repasémoslas
brevemente: si partimos de una economía cerrada al exterior con una
oferta monetaria fija, la puesta en marcha de una política expansiva,
bien a través de una expansión del gasto, bien a través de una
disminución de impuestos, estimulará la actividad económica – a través
un aumento del consumo público en el caso de mayor gasto público; a
través de un aumentos del consumo privado en el caso del descenso de
presión fiscal – lo que hará aumentar la demanda de dinero en la
economía elevando el tipo de interés y provocando un descenso de la
inversión privada (efecto expulsión o crowding out) – el grado en que
esto afecte a la inversión privada dependerá de la sensibilidad de esta a
los tipos de interés y a la renta –. La diferencia, además de en el
mecanismo de difusión, estriba en el efecto expansivo de la medida: el
multiplicador del consumo tiene mayor magnitud que el de los impuestos
dado que parte de la renta libre de los individuos como consecuencia de
esa disminución puede destinarse a ahorro en lugar de a consumo.
En el caso de una pequeña economía abierta, con tipos de cambio flexible y movimiento perfecto de capitales y sin capacidad de influencia en el resto del mundo, el aumento en los tipos de interés consecuencia de las medidas expansivas incentiva la entrada de capitales en busca de rentabilidad y eleva la demanda de la moneda del país, lo que aprecia el tipo de cambio real y afecta negativamente al saldo de la balanza comercial, lo que contrarrestará el efecto de la medida expansiva – si estuviésemos en una situación de tipos de cambio fijos, las presiones apreciativas sobre el tipo de cambio inducirían una expansión monetaria compensatoria que sí aumentaría el nivel de actividad en la economía a costa quizá de inflación interior –. En el caso de que comparásemos una economía con capacidad para influir en el tipo de interés mundial, el efecto de una política expansiva probablemente se situase a medio camino entre el caso de una economía cerrada y el de una economía abierta.
Más interesante aun es el caso de una expansión fiscal en el seno de uniones monetarias. Hebous [2], nos lo resume como sigue: el incremento de la producción – y la renta – como consecuencia de una política fiscal en un país de la unión, puede provocar un aumento de las importaciones de productos del resto de países de la unión al que realiza la expansión fiscal, incrementando la renta de esos países; al mismo tiempo, y como hemos analizado en los párrafos precedentes, esto provocará un incremento de los tipos de interés dentro del país, lo que atrae capitales del exterior – tanto de países de la unión como de fuera de la unión – lo que puede llevar a un incremento generalizado del tipo de interés de la unión, con sus correspondientes efectos negativos sobre la inversión privada en función de su elasticidad renta y elasticidad “precio” (si asimilamos el tipo de interés al precio que se paga por la inversión). Si nos fijamos en la zona euro, que mantiene un tipo de cambio flotante con respecto al resto del mundo, la entrada de capitales incrementa la demanda en el mercado de divisas elevando el tipo de cambio real de los países de la unión monetaria afectando negativamente a los saldos de las balanzas comerciales con el resto del mundo. Como podemos ver, una expansión fiscal no coordinada – totalmente posible en la zona euro, dada la conservación de la soberanía de los países sobre su política fiscal y el escaso alcance del Pacto de Estabilidad y Crecimiento – tiene efectos externos sobre la economía de la unión entera y no son unidireccionales, lo que puede ser una fuente de efectos asimétricos en función de la como estén establecidas las sensibilidades y dependencias de las variables económicas dentro de cada país miembro de la unión.
En el caso de una pequeña economía abierta, con tipos de cambio flexible y movimiento perfecto de capitales y sin capacidad de influencia en el resto del mundo, el aumento en los tipos de interés consecuencia de las medidas expansivas incentiva la entrada de capitales en busca de rentabilidad y eleva la demanda de la moneda del país, lo que aprecia el tipo de cambio real y afecta negativamente al saldo de la balanza comercial, lo que contrarrestará el efecto de la medida expansiva – si estuviésemos en una situación de tipos de cambio fijos, las presiones apreciativas sobre el tipo de cambio inducirían una expansión monetaria compensatoria que sí aumentaría el nivel de actividad en la economía a costa quizá de inflación interior –. En el caso de que comparásemos una economía con capacidad para influir en el tipo de interés mundial, el efecto de una política expansiva probablemente se situase a medio camino entre el caso de una economía cerrada y el de una economía abierta.
Más interesante aun es el caso de una expansión fiscal en el seno de uniones monetarias. Hebous [2], nos lo resume como sigue: el incremento de la producción – y la renta – como consecuencia de una política fiscal en un país de la unión, puede provocar un aumento de las importaciones de productos del resto de países de la unión al que realiza la expansión fiscal, incrementando la renta de esos países; al mismo tiempo, y como hemos analizado en los párrafos precedentes, esto provocará un incremento de los tipos de interés dentro del país, lo que atrae capitales del exterior – tanto de países de la unión como de fuera de la unión – lo que puede llevar a un incremento generalizado del tipo de interés de la unión, con sus correspondientes efectos negativos sobre la inversión privada en función de su elasticidad renta y elasticidad “precio” (si asimilamos el tipo de interés al precio que se paga por la inversión). Si nos fijamos en la zona euro, que mantiene un tipo de cambio flotante con respecto al resto del mundo, la entrada de capitales incrementa la demanda en el mercado de divisas elevando el tipo de cambio real de los países de la unión monetaria afectando negativamente a los saldos de las balanzas comerciales con el resto del mundo. Como podemos ver, una expansión fiscal no coordinada – totalmente posible en la zona euro, dada la conservación de la soberanía de los países sobre su política fiscal y el escaso alcance del Pacto de Estabilidad y Crecimiento – tiene efectos externos sobre la economía de la unión entera y no son unidireccionales, lo que puede ser una fuente de efectos asimétricos en función de la como estén establecidas las sensibilidades y dependencias de las variables económicas dentro de cada país miembro de la unión.
[1] As
a result of the extraordinary and highly coordinated policy actions
agreed to at the Washington, London and Pittsburgh G20 Summits, the
global economy is recovering faster than was expected. Our decisive and
unprecedented actions over the past two years have limited the downturn
and spurred recovery. Anexo I a la comunicación oficial de la cumbre
de Toronto: un marco de trabajo para un crecimiento fuerte, sostenible y
equilibrado
[2] HEBOUS, S., 2011. The Effects of Discretionary Fiscal Policy on Macroeconomic Aggregates: a Reappraisal. Journal of Economic Surveys, 25(4), pp. 674-707.
[2] HEBOUS, S., 2011. The Effects of Discretionary Fiscal Policy on Macroeconomic Aggregates: a Reappraisal. Journal of Economic Surveys, 25(4), pp. 674-707.
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