miércoles, 18 de julio de 2012

El crecimiento, las deudas y la austeridad ¿que papel juegan en la financiación del Estado?

Para explicar cuál es el papel que todas estas variables tienen en las dinámicas de la financiación del Estado de una manera formal, y sin artificios ni trucos de magia, vamos a recurrir a unas sencillas matemáticas que nos permitirán entender cómo se relacionan unas con otras. Partamos de los que se denomina la ecuación prepuestaria del sector público:
G-T+rB=dB/dt+dM/dt

Donde G es la cuantía de gasto público, T el valor de los ingresos públicos, r es el tipo de interés medio al que se remunera la deuda pública, B es la cantidad de deuda pública y M es la base monetaria.
En esta ecuación presupuestaria, la parte izquierda ilustra en grandes partidas el presupuesto del estado: los ingresos han de utilizarse para cubrir los gastos corrientes del Estado (G) y la devolución de los intereses de la deuda pública existente (rB) , mientras que la parte derecha es lo que podríamos denominar el lado de la financiación: los desajustes existentes entre los ingresos y los gastos públicos se pueden financiar a través de la emisión de deuda pública en el tiempo, dB/dt, o mediante la ampliación de la base monetaria, dM/dt (política monetaria expansiva).
Esta ecuación puede ser transformada, a partir de operaciones matemáticas sencillas* en
b ̇=(gp-ip)+(r-g)b-m ̇

Donde b ̇es la evolución temporal del ratio de deuda sobre PIB, gp es el ratio de ingresos públicos sobre PIB, ip es el ratio de ingresos públicos sobre PIB, r es el tipo de interés nominal sobre la deuda pública, g es la tasa de crecimiento de la economía y m ̇ es la evolución de la base monetaria a lo largo del tiempo sobre el PIB.
En palabras llanas, esta ecuación nos muestra que el la evolución que la deuda de un país tenga depende de la diferencia entre gastos e ingresos públicos, de la diferencia entre el tipo de interés a que se emita esa deuda y la tasa de crecimiento de la economía, y de la evolución de la masa monetaria en la economía. Ahora vayamos por partes al analizar nuestra ecuación:
Recordemos que estamos hablando de la evolución temporal del ratio de deuda sobre PIB y no de lo que representa la deuda en un momento dado. Remarcado esto ¿Qué tiene que ver la cantidad de dinero (masa monetaria) con la evolución de la deuda sobre el PIB? Cuando los estados poseen la soberanía sobre su política monetaria, estos pueden "darle a la máquina de imprimir billetes" para financiar su gasto y no acudir a los mercados financieros a intentar colocar sus títulos de deuda pública. Esto naturalmente tiene su reverso tenebroso en forma de inflación (crecimiento de precios) o hiperinflaciones (caso más extremo, donde el dinero puede incluso llegara a perder todo su valor. Uno de los casos más radicales fue Alemania: entre enero de 1922 y noviembre de 1923 el nivel medio de los precios se multiplicó por 20.000 millones) y rentabilidad de activos: al tipo de interés nominal (el que nos dice el banco) hemos de restarle la tasa de inflación para asi obtener la verdadera ganancia de poder adquisitivo real que hemos tenido con esa inversión; en contextos de fuerte inflación esa rentabilidad real puede llegar a ser negativa, es decir, con ese mismo dinero ahora compraremos menos cosas que cuando lo invertimos (en lugar de más que es lo que todo el mundo espera).
En los países de la Zona Euro, esta posibilidad no existe ya que las cesiones de soberanía en materia de política monetaria realizadas en el momento de la unión monetaria impiden a cada país de forma individual realizar este tipo de actuaciones, siendo el encargado de su control el Banco Central Europeo (BCE). Por tanto, en los países de esta zona esa variable de nuestra ecuación escapa a su control.
En lo que respecta a nuestro primer paréntesis, tenemos el déficit/superavit primario del sector público, es decir, la diferencia entre gastos e ingresos del sector público sin contar los intereses pagados por la deuda. Siempre que gp>ip tendremos que b ̇>0, esto es, nuestro ratio de deuda pública sobre PIB crecerá a lo largo del tiempo; al contrario, cuando ip>gp tendremos que b ̇<0, o lo que es lo mismo nuestra ratio disminuirá a lo largo del tiempo. De la misma forma, nuestro segundo paréntesis nos muestra un resultado menos esperado y, si cabe, aun más interesante: si el tipo de interés nominal al que se remunera la deuda del estado es mayor que la tasa de crecimiento de la economía, la ratio deuda/PIB crecerá a lo largo del tiempo.
Más allá del resultado evidente que podíamos obtener al enunciar el ratio de deuda sobre PIB, esto es, que las variaciones en el denominador conllevarían variaciones en el ratio total y, por tanto, en situaciones de crecimiento negativo este aumentaría, podemos observar que no solo basta con crecer para lograr la estabilización o el retroceso del ratio de deuda a lo largo del tiempo, sino que además este debe ser al menos tan alto como el tipo de interés nominal al que tengamos que remunerar la deuda pública. Un país que presente elevadas tasas de crecimiento, aun contando con unas finanzas públicas saneadas, pero que no consiga convencer a los inversores de la sostenibilidad de su política macroeconómica, accediendo así a una financiación más barata al tenerse una percepción menor de riesgo de impago, no tiene porqué tener garantizado la sostenibilidad de sus emisiones de deuda y por tanto de sus déficits públicos. Es más, una política macroeconómica poco creíble que haga incrementar los diferenciales de tipos de interés de emisión de deuda pública (esto es, las desgraciadamente famosas primas de riesgo en la actualidad) por encima de la tasa de crecimiento de la economía, llevará a incrementos en el ratio deuda pública a lo largo del tiempo que llevarán a su vez a una mayor percepción del riesgo de suspensiones de pagos por parte del país, que elevarán el tipo medio de emisión, que llevarán a una mayor necesidad de recursos para devolver los intereses, lo que afectará negativamente al déficit implicando a su vez una mayor desconfianza en la política llevada a cabo, creando una espiral insostenible cuya magnitud se verá afectada por la influencia que las finanzas públicas puedan tener sobre la tasa de crecimiento.
Al contrario, la existencia de déficits públicos (gp>ip) no tiene porque llevar a un incremento de deuda pública a sobre PIB siempre que estos existan en un entorno de crecimiento por encima de los tipos medios de remuneración de deuda (g>r) que compense esos déficits.
Esto es especialmente importante en áreas monetarias como la nuestra, donde, como hemos dicho, la competencia en materia de política monetaria se encuentra cedida a una institución supranacional como el BCE. En esta situación los países cuenta únicamente con la política fiscal como medio de absorción de shocks económicos, y como hemos podido comprobar no solo es importante la disciplina fiscal como nuestro gobierno trata de vendernos sino el acceso a financiación a tipos baratos – lo que no se consigue con primas de riesgo elevadas y calificaciones próximas a bono basura – y un crecimiento sostenido – lo que tampoco parece que vaya a conseguirse con la instrumentación de políticas llevadas a cabo, aunque eso será tema de futuros posts –
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* Si expresamos las variables en términos de ratios sobre el PIB y denominando


en el caso específico de la deuda pública, tendremos:

De donde:



Sustituyendo este último resultado en nuestra ecuación presupuestaria del sector público tendremos:



Reordenando:

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